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¿Cuánto producen las placas solares en invierno? Cifras reales

En invierno una instalación fotovoltaica produce bastante menos que en verano: los días cortos, el sol bajo, las nieblas y, en zonas de interior o de montaña, la nieve hacen que en buena parte de España los cuatro meses más oscuros aporten entre una quinta y una cuarta parte de la producción anual. Te explicamos qué significa eso para el autoconsumo y la factura, cómo ayudan la batería y la programación inteligente, qué hacer con la nieve y por qué nunca conviene dimensionar la instalación pensando en diciembre.

¿Qué significa en casa?

Si el tema toca solar, baterías, inversores o carga EV doméstica, la respuesta depende del consumo, tejado, orientación y posible ampliación futura.

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El primer invierno es el momento en que muchos propietarios de placas solares se llevan una sorpresa. La aplicación de monitorización, que en junio marcaba decenas de kilovatios hora al día, a mediados de diciembre muestra cifras mucho más modestas, y es normal preguntarse si algo se ha estropeado. No se ha estropeado nada, simplemente la física juega en tu contra. En este artículo repasamos por qué cae tanto la producción invernal, qué parte del total anual representan esos meses en términos aproximados, qué implica para el autoconsumo y la factura, cómo ayudan la batería y la programación inteligente, y cómo planificar para que el invierno no se convierta en un disgusto.

Por qué cae la producción de las placas solares en invierno

Se suman cuatro efectos y todos empujan en la misma dirección. Los días son más cortos: en España, en torno al solsticio de diciembre, el sol está sobre el horizonte cinco o seis horas menos que en junio, y las horas realmente útiles, con radiación fuerte, se reducen todavía más. Además, el sol va mucho más bajo, incluso a mediodía, así que su luz atraviesa una capa de atmósfera más gruesa y llega a un panel con la inclinación típica de un tejado en un ángulo muy oblicuo, con lo que cada metro cuadrado recibe menos energía. A eso se añaden las nieblas persistentes de los valles y de la meseta, los temporales del Cantábrico y los frentes que dejan días enteros de luz difusa, y en zonas de interior o de montaña la nieve, que puede cubrir los módulos por completo durante un tiempo. Solo hay un factor a tu favor: las células de silicio cristalino rinden algo mejor con frío, por lo que un día despejado y helado de enero puede dar cifras sorprendentemente buenas, aunque días así no abundan.

En cifras, y siempre con la salvedad de que la zona y el año concreto cambian mucho las cosas, una instalación bien orientada en el centro y el sur de la península produce en diciembre o enero en torno a la mitad de lo que genera en su mejor mes de verano, mientras que en la cornisa cantábrica y en otras zonas nubosas la proporción se acerca más a la de Centroeuropa, con una cuarta parte o menos. Diciembre y enero aportan cada uno alrededor de un 5 o un 6 por ciento de la producción anual en buena parte del país, y noviembre y febrero entre un 5 y un 7 por ciento cada uno, de modo que los cuatro meses más oscuros suman entre una quinta y una cuarta parte del año, algo menos en el norte. Frente a eso, cada mes de mayo a agosto suele situarse entre el 10 y el 12 por ciento del total, y la curva estacional española es bastante más suave que la del norte de Europa, lo que constituye una de las grandes ventajas de la fotovoltaica aquí. Aun así, la conclusión es la misma: la instalación es sobre todo una productora de primavera y verano, y el invierno es un complemento.

Qué significa esto para el autoconsumo y la factura de la luz

El invierno es la peor combinación posible: la menor producción coincide con el mayor consumo, con más luz artificial, más horas de aerotermia o de radiadores eléctricos y más gente en casa. Eso tiene una consecuencia algo paradójica. Casi toda la poca energía que generas se consume en el momento, así que la tasa de autoconsumo parece excelente, pero el grado de autosuficiencia, es decir, la parte de tu demanda que cubren las placas, baja al 20 o al 30 por ciento, o incluso menos. Cómo se refleja eso en la factura depende mucho del esquema de compensación o de facturación que tengas, porque no es lo mismo que los excedentes del verano se valoren de alguna forma frente a los meses de invierno que liquidar el balance mes a mes o incluso hora a hora. Con los esquemas habituales, la electricidad que consumes en el mismo instante en que se produce es la que más vale, así que en los meses más oscuros es perfectamente normal que un hogar típico tome la mayor parte de su energía de la red, y los meses luminosos lo compensan a lo largo del año.

Una batería doméstica se comporta de otra manera en invierno: en lugar de llenarse cada día, recoge la producción del mediodía de los días despejados y fríos para la tarde y la noche, y en los días grises a menudo no pasa de la media carga. No esperes que traslade los excedentes del verano a enero, porque ninguna batería doméstica hace almacenamiento estacional, pero el ciclo diario sigue compensando cada vez que sale el sol. Si tu tarifa tiene tramos horarios más baratos, la batería también puede cargarse de la red en las horas económicas y descargarse en las caras, algo que conviene comprobar con tu propio contrato. La palanca más barata es la programación inteligente: el lavavajillas, la lavadora, el calentamiento del agua y la recarga del coche eléctrico van al mediodía, y una bomba de calor puede precalentar el depósito de inercia o la propia masa del edificio mientras hay sol, para que por la noche haga falta menos red. Un inversor bien configurado y un par de temporizadores sencillos mejoran de forma apreciable la parte de la energía que aprovechas tú mismo, también en invierno.

Nieve sobre las placas, dimensionado y expectativas realistas

Si la nieve cubre las placas, no la rasques: las herramientas duras rayan el vidrio y los marcos, subir con una escalera a un tejado en invierno es realmente peligroso, y lo que dejas de producir bajo la nieve es poco en términos absolutos, porque esos son de todos modos los días más flojos del año. Sobre una superficie de vidrio lisa e inclinada la nieve suele deslizarse sola en las primeras horas de sol, y una capa fina deja pasar algo de luz, así que una cobertura parcial es una molestia pasajera, no una pérdida que justifique arriesgar el cuello. Al dimensionar la instalación no planifiques nunca en función del consumo de diciembre, porque un sistema capaz de cubrir la demanda de invierno produciría en verano varias veces lo que puedes aprovechar, y ese excedente suele valer poco. El consumo anual, la orientación y el espacio del tejado, una posible bomba de calor o un coche eléctrico y el esquema de facturación disponible definen juntos el tamaño correcto, y el invierno debe seguir siendo la época en la que la red echa una mano. Si quieres ver qué produciría mes a mes una instalación bien dimensionada en tu propio tejado, el punto de partida adecuado es un estudio in situ con una simulación de producción realista hecha por un instalador cualificado de tu zona.

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